Lo que una madre ve, no lo ve nadie


Desde la mirada de una madre todo es diferente, hay más amor, comprensión, sensibilidad y la capacidad de ver los posibles panoramas del futuro cercano. Cuando una mujer se convierte en madre, nace una sensibilidad muy especial y su mirada se transforma desde el primer contacto visual con ese ser a quien tiene el privilegio de llamar hijo. Es como si en esa transformación, ocurriera algo mágico, que provocara que  pudiera ver el interior de su retoño como una radiografía. 

Una madre, al ver a sus vástagos a los ojos, sabe lo que su corazón siente y lo que su mente carga. Por esto, aún cuando somos adultos, mamá sabe de la primera si estamos bien o no. A veces vienen a mi mente, momentos de la infancia en los que por alguna razón, no me sentía bien, y de repente mami me preguntaba: “todo bien”. Pero ese “todo bien” sonaba distinto cuando en mí había algo que me preocupaba. Y en efecto, ella seguía buscando la forma hasta dar con lo que pasaba. ¡Es que las madres son otra cosa!

Bendita sean las madres por su capacidad de leer y comprender nuestro corazón y por el poder que tienen de aliviar el dolor con un beso, un abrazo, una caricia, o un ´todo va a estar bien´. Tener una madre es una bendición, es contar con la aliada más poderosa para tus batallas más fuertes. 

La naturaleza nos brinda una capacidad única de conexión con nuestros hijos y a veces en la locura y ajetreo que trae el proceso de crianza, nos desenfocamos de lo básico. Mantener una unión saludable y fortalecer a diario el vínculo madre-hijo, permitirá que, al igual que tu sientes con tu mamá, pueda ver en ti la mejor aliada para enfrentarse a la vida.